Monday, April 28, 2008

Unas recomendaciones....

Querido futuro estudiante:

Me llamo Paul y soy un tercer ano en la Universidad de Virginia. Pasé el semestre en Valencia esta primavera, y tengo algunas sugerencias para usted. Después de vivir aquí por tantos meses, conozco muy bien la ciudad. Le recomiendo que usted pida una casa en la calle Gran Vía, porque toda la gente sale por allí. Está un poco más lejos de la escuela que unos otros sitios, pero hay un autobús que le llevará a la escuela muy rápidamente. También le sugiero que usted tome la clase de Picasso con Enrique, la cual es muy interesante, y aunque se aprende mucho, no se trabaja tanto. Otra recomendación – vaya a un botellón. Es la mejor manera de conocer a otros españoles universitarios de su edad y a la vez es divertido y barato. ¡Lleve una botella y disfrútese! Espero que usted tenga un buen verano en Valencia y que se divierta mucho.

Le saludo cordialmente,

Paul

Monday, April 7, 2008

La librería


Hoy fui a la librería en busca de libros españoles para la primera vez. No buscaba Trampa-22 o Fiesta o El Gran Gatsby u otro libro fabuloso escrito en ingles. Hoy buscaba literatura española y buena; buscaba algo que me forzaría pensar y que podría llevar conmigo a los Estados Unidos, para disfrutarme por muchos días más.

Sin duda, el sistema de la organización de la librería era completamente distinto a todo que ya había visto en mi vida. En vez de estantes identificados con nombres de categorías muy especificas, solo vi caos total. En todos lados había un montón de libros, y muchos mezclados sin razón. Había unas señales, pero muy pocas y, peor aún, con una categoría tan general que no sirvió para nada. Literatura dijo uno. “Bueno,” pensé, “pero hay muchos tipos de literatura, de épocas diferentes y países distintos, y ¿como voy a encontrar el libro especifico que quiero?”

A pesar de la vergüenza que tuve, la vergüenza que todos hombres tienen cuando tienen que pedir ayuda, acerqué a la mujer sentada en el escritorio y la pide ayuda. “Bueno,” dije en voz alta, temblando y sintiéndome castrado, “¿Ayudarías a un pobre americano confundido?”

“Si, claro, por eso estoy aquí,” ella me dijo. “¿Qué está usted buscando? ¿Sabes los nombres de los autores o los libros?”

Le dije los nombres: García Lorca, Machado, Unamuno, Quevedo, Bécquer, Bazán, y Prados. Nombres tan famosos, tan conocidos que seguramente tuvieron que tener sus obras en la tienda. Pero la mujer estaba buscando, y buscó por diez minutos. Dudaba de que ellos tuviesen el libro en la tienda. Esperé más, y después de unos minutos mas, me puse nervioso, pero de repente, la mujer volvió, trayéndome todos los libros que pide. Tuve mis libros; ¡tuve mi tesoro!

Dos horas en “el hoyo”


Era un día como todos los otros. Me levanté demasiado temprano, fui a la escuela, y pasé muchas horas en clase. Muy cansado, regresé a casa, y después de descansar un poco, pensaba en ir de compras. Salí de casa, y entré en el pasillo de nuestro edificio.

Caminé hacia el otro lado del vestíbulo y apreté el botón para bajar a la calle. La luz del botón se encendió, y treinta segundos después, llegó el ascensor. Entré, apreté otro botón para la planta baja, y el ascensor empezó a bajar. De repente, se cayó un poco el ascensor, oí el timbre, y abrieron las puertas. Pero no estaba en la planta baja como esperaba; estaba entre dos pisos. Podía ver el suelo de un piso, pero debajo solo había pared. Me puse muy nervioso. Apreté el botón unas veces, pero el ascensor ni subió ni bajó tampoco.

“¿Qué debo hacer?” pensé. Empecé a golpear la puerta arriba del piso, con la esperanza de que alguien me oyese y me ayudase. Pasé cinco minutos golpeándola, pero nadie me oyó, o por lo menos, nadie vino. Con mucha vergüenza, saqué el del bolsillo y llamé a mis padres.

“¿Estás seguro de que no puedas salir?” pregunto mi madre. Me sentí más vergüenza. “Bueno, te vamos a buscar,” dijo ella.

Me buscaron por unos minutos, y por fin me encontraron. Estaba entre el primer piso y la planta baja. Probamos todos los trucos del ascensor, pero todavía no podía salir. “Pablo, tienes que esperar,” me dijeron. “Vamos a llamar a la empresa del ascensor. Ten paciencia.”

“Que mala suerte,” quejé. “Por lo menos podría quedarme aquí con algo para comer, con el iPod, o con una chica guapa.” Pero estaba allí solo. El ascensor era como una cárcel horrible e imposible de huir. Como solo una poquita de luz entraba en la ventana, me deprimió mas, porque fue como una broma cruel de dios, dejarme esperando a una libertad que no podía tener. Me parecía que cada minuto las paredes del cuarto me estaban acercando, poco a poco. Empecé a sentir la claustrofobia, y tenia que escapar. Me volvería loco. No podía hacerlo más.

Intentaba hacer cosas para pasar el tiempo y no pensare en el presente. Canté “Noventa y nueve botellas de cerveza” una vez. Dos veces. No vino nadie para abrir la puerta y arreglar el ascensor. De repente, empecé a oler algo increíble. Olía a bizcochos moldeados en forma de taza, los cuales comía por los cumpleaños de mi niñez. En este momento, me sentía tanta hambre como si hubiese un hueco inmenso en el estomago. “Ahora entiendo como se sienten los perros – siempre oliendo lo bueno pero sin la oportunidad de comerla,” contemplé. Pasé muchos minutos así con esta tortura, como yo fuese perro. Me senté y bajé la cabeza, intentando dormir o meditar. Precisamente al punto de dormir, oí una voz.

“¿Estas bien?” Oí la voz. Un hombre simpático me hablaba desde el piso arriba. “No te preocupes hombre. Vamos a sacarte de allí ahora mismo.”

La puerta se abrió, y veía muchísima luz. Los ojos acostumbraron a la nueva brillantez, y vi una escena maravillosa. La puerta estaba abierta y por fin estaba libre de mi celda de castigo. El hombre me extendió una mano, y con su ayuda, empecé a trepar. Subió un pie. Subió el otro. Estaba afuera, y después de dos horas, ¡estaba libre!

Ven amgio, ven


Querido amigo mío,

¡Tienes que venir a visitarme! Disfrutaras mucho si vengas. La ciudad es muy bonita y la gente muy amable. Es importante que visites la Ciudad de Artes y Ciencias, que es un lugar muy moderno. El acuario es muy popular, aunque no creo que sea tan impresionante para lo que hay que pagar. Si vengas, nos divertiremos muchísimo. La playa es muy bonita y limpia, y si haya muchas chicas te vas a flipar, porque aquí son muy guapas. Las discotecas también son buenísimas. Es una lastima que yo no pueda quedarme aquí para el verano para que puedas visitar durante ello, pero todavía saldremos cuando te vea. Puedes encontrar un billete muy barato en Internet. Si tuviera dinero te compraría un billete, pero ahora tengo muy poco. Espero que me llames para contarme las buenas noticias.

Un abrazo fuerte,

Paul