Tuesday, February 19, 2008

La llegada, numero 1


Se bajó del avión y entró en el aeropuerto. Treinta minutos y un taxi después, llego en casa. Subió al piso siete con sus maletas, que eran pesadísimas. Por fin, después de catorce horas de viaje, el estaba en Valencia. Les conoció al señor y a la señora, y también al gato y al perro. Unas conversaciones cortitas y vio su cuarto para la primera vez. Y cinco minutos después, se cayó durmiendo.

Cuando se despertó, el gato lo estaba mirando y ronroneando. Se levanto, y le conoció a su compañero del cuarto Ryan. Los dos americanos hablaron por unos minutos, y cuando hablaban, de repente oyeron “Chicos… A cenar!” Los dos fueron al comedor con mucha prisa. Estaban muy felices, porque acabaron de ver su cena que era un bistec, una ensalada, y unas patatas. Esta noche no había conversación…solo el acto de masticar. Después de la cena los dos chicos, muy cansados por el viaje, se durmieron como bebes.

Se levantaron a las nueve, y los dos ducharon. Pero era una ducha distinta. No había cortinas, y el agua caliente y el agua frío no mezclaron. Además, no podían ducharse pro más que cinco minutos, aunque los dos chicos les gustaban muchas las duchas largas. Los dos fueron al comedor para el desayuno, y se sorprendieron mucho. No había ni huevos ni avena ni tocino tampoco, como el desayuno que comían cada día en los estados unidos. Pero había pan y frutas, y comían un desayuno español. Se cepillaron los dientes y se pusieron sus zapatos. Salieron con el señor, quien guardaba el gato en una mochila para llevarlo al veterinario. Caminaron por treinta minutos, y miraron todos los lugares de Valencia. Pasaron cerca del estadio de fútbol, y por fin estaban en la universidad. Se empezó una sesión de orientación, y también su aventura valenciana.

Monday, February 18, 2008

Arkaitz


Se llama Arkaitz. Tiene veinte y dos años, y es bombero. Vive en Portugalete, en el País Vasco. Para un vasco, es muy alto. Tiene ojos claros, mas como un alemán o ingles que como un vasco. Se lleva ropa muy simple y muy oscura. Tiene una expresión muy ambigua en la cara; no muestra ni felicidad ni la tristeza tampoco. Su chaqueta no parece muy española, sino como un ‘fleece’ americana de marca “North Face” o algo parecida. Cuando veo la cara, me siento muy feliz. Pasábamos mucho tiempo junto en San Luís y en Bilbao también. Nos reíamos muchísimo, y visitábamos a todos los lugares turísticos en las dos ciudades. Pasábamos horas y horas hablando sobre la vida, las mujeres, la política, y la filosofía. Y aunque era ilegal, le enseño a conducir para la primera vez (pero no lo diremos a mis padres.) Cuando veo los ojos, pienso de una claridad, de una determinación que me falta en la vida. Cuando veo a los brazos, veo un hombre fuerte, fuerte por tantas horas de practicar y entrenar. Cuando veo a mi amigo, lo echo de menos mucho. Tengo ganas de visitarlo otra vez; si tengo la oportunidad, seguro que lo voy a visitar otra vez.

Sobre el bar


La luz brillaba y mis compañeros me rodeaban. El designo era muy simple: unas mesitas, un bar, y una maquina de cigarrillos. Olía del humo y de cigarrillos. El hombre, con gafas muy modernas y una camisa muy blanca, trabajó muy duro y preparó los cafés con leche muy rápidamente. Olían muy dulces y sabrosos. Las tortillas en el bar me parecían muy ricas, pero no Mateo me dejaba comer. Podía aun oler a las sabrosas cebollas y a patatas. El bar me parecía muy español, y además muy valenciano, con solo las marcas de cerveza valencianas, como Cruzcampo y Estrella Damm, y la naranjas también. Si Mateo me permitiera, tomaría una cerveza. ¡Qué lastima! El bar servia muy bien para esconder su tamaño, y todas las botellas extras de licor. Con la excepción de cigarrillos tirados, el suelo estaba muy limpio.

La llegada #2


Se bajó del avión y entró en el aeropuerto. Treinta minutos y un taxi después, llegó en casa. Subió al séptimo piso con sus maletas, que estaban pesadísimas, como cajas de arana. Por fin, después de catorce horas de viaje, él estaba en Valencia. Les conoció al señor y a la señora, y también al gato y al perro. Los padres le parecían muy simpáticos, y el perro le parecía muy energético. Unas conversaciones cortitas y vio su cuarto por la primera vez. Y cinco minutos después, se cayó dormido.

Cuando se despertó, el gato lo estaba mirando y ronroneando. Se levantó, y le conoció a su compañero del cuarto Ryan. Los dos americanos hablaron por unos minutos, y cuando hablaban, de repente oyeron la voz de la señora. “Chicos… ¡A cenar!” Los dos fueron al comedor con mucha prisa. Estaban muy felices porque acababan de ver su cena: era un bistec, una ensalada, y unas patatas. Esta noche no había conversación…sólo el acto de masticar. Después de la cena los dos chicos, muy cansados por el viaje, se durmieron como bebés.

Se levantaron a las nueve, y los dos se ducharon. Pero fue una ducha distinta. No había cortinas, y el agua caliente y el agua frió no se mezclaron. El agua caliente se quemó, y el agua frió fue como hielo. Además, no podían ducharse por más de cinco minutos, aunque a los dos chicos les gustaban mucho las duchas largas. Veinte minutos después, los dos fueron al comedor para el desayuno, y se sorprendieron mucho. No había ni huevos ni avena ni tocino tampoco como el desayuno que comían cada día en los estados unidos. Pero había pan y frutas, y comieron un desayuno español.

Como el desayuno se acabó, se cepillaron los dientes y se pusieron los zapatos. Salieron con el señor, quien guardaba el gato en una mochila para llevarlo al veterinario. El gato lloró, porque sabía adonde iba. Caminaron por treinta minutos, y miraron todos los lugares de Valencia. Pasaron cerca del estadio de fútbol, y por fin estaban en la universidad. Se empezó una sesión de orientación, y también su aventura valenciana.

En busca de la integridad


El 13 de diciembre de 2007 fue un día que escandalizó al mundo del béisbol para siempre. Con cuatrocientas nueve páginas, el Senador George Mitchell reveló su informe, que mostraba un deporte plagado por el uso de los esteroides anabólicos. Además, el informe incluyo una lista de los nombres de los consumadores, que incluía Roger Clemens, Eric Gagné, y Kevin Brown, ganadores del premio de Cy Young durante sus carreras, y Barry Bonds, Miguel Tejada, y Jason Giambi, quienes habían ganado el premio de mejor jugador de la liga. En total, el informe tuvo los nombres de ochenta y nuevo jugadores. Después de tanto escándalo, ¿cómo podría el béisbol recuperar su prestigio anterior?

Según Mitchell, la primera cosa que las Grandas Ligas tenían que hacer era revisar su póliza con respecto a las drogas deportistas. Distinto a los otros deportes, la póliza de béisbol sobre las drogas no incluía provisiones (que intentan mantenerse) fieles a los estándares olímpicos, que mandaban una provisión para sacar y guardar las muestras de sangre y orina. Sin esa provisión, dijo Mitchell, los jugadores tramposos podían seguir con el uso de esas sustancias ilegales sin miedo de repercusiones. La habilidad de sacar y guardar muestras de fluidos del cuerpo era esencial para una póliza sencilla, dijo, porque aunque no teníamos exámenes para todas las drogas que ellos usaban, habrá exámenes efectivos en el futuro. Con muestras guardadas, podrían saber después del hecho quiénes son los tramposos, y además los castigarían y borrarían sus estadísticas manchadas.

Otra propuesta importante del informe Mitchell fue un programa educativo nuevo para todos los jugadores, pero especialmente para los de Latinoamérica. Mitchell notó que la mayoría de los jugadores del informe que fue culpable del uso de estas drogas era del origen latinoamericano. Mitchell propuso que los jugadores latinos, como vinieron de países con educación inferior y que pasaron más tiempo jugando que estudiando, no entendían bien las consecuencias del uso de estas drogas, y además, ven el uso de esas drogas como la única manera de escaparse de la pobreza de sus países. También dijo Mitchell que era más probable que las sustancias de la nutrición deportiva latinas estuvieran contaminadas por cosas prohibidas, algo de que muchos jugadores latinoamericanos fueron ignorantes.

Como apuntó el senador Mitchell en su informe, no hay solución milagrosa para curar todos los enfermos del béisbol. Pero si el sindicato de jugadores y los dueños de los equipos seguirían las recomendaciones, el deporte podría empezar a rescatar su integridad antigua. Aunque no se puede olvidar esta época de vergüenza en el deporte, tampoco se puede concentrarse solamente en la época. Lo que paso ha pasado; es decir, nadie puede volver al pasado para cambiar los delitos de los jugadores durante la época de esteroides anabólicos. Nunca habrá una lista definitiva de los tramposos y de los limpios, y por eso no se debe dudar de los buenos hechos de algunos jugadores, quienes no son ciertamente tramposos. Además, no se debería juzgar a todos los jugadores que Mitchell identificó en su informe, porque ciertamente faltaron muchos nombres en su lista que quedarían secretos para siempre. Lo importante es aprender de las lecciones de esta época oscura y aplicarlas con los ojos hacia al futuro. El béisbol sobrevivió los escándalos de apuestas y la cocaína; sobrevivirá los esteroides también.

¡Feliz cumpleaños a mí!


Ayer me cumplí veinte y uno. Pase un día muy interesante. Sin dudo, era un cumpleaños muy distinto a causa de estar en España.

Me divertí bastante por mi cumpleaños. Me gustó mucho todos los mensajes de Facebook que me esperaron un cumpleaños feliz. Tuve la oportunidad de hablar con mis padres y unos amigos míos por Skype. Mis abuelos me mandaron cartas que vinieron en casa, y además, mis padres incluyeron regalos en mis maletas antes de irme. Me regalaron dinero, algo que no es lo mas divertido pero seguramente es lo mas útil. Por la noche fuimos a un restaurante chino que era buenísima. Antes de cenar, mis padres me reglaron una suéter, que me gusto mucho y era muy genial. Pedimos diez platos y una botella de vino para los cuatro. Después de la cena, nos llevaron unos helados, uno de ellos con vela, y me cantaron. Cuando habíamos comido todo, nos fuimos, y empecé a caminar a un bar. La borrachearía obligatorio por cada cumpleaños de veinte uno siguió.

Pero no podía negar que mi cumpleaños ayer fue un espejismo. Obviamente, como los españoles se pueden beber a los dieciocho, la celebración fue un poco mudada.

También me echaron de menos mis padres, mis hermanos, abuelos, y mayores amigos. Ir de fiestas en un día tan especial no era lo mismo con los mayores amigos, quienes nos conocemos por casi toda la vida. Mi celebración solo consistió de seis personas. Como fue lunes, la gente tenía deberes, y lo entiendo bien, pero me sintió desilusionado con todos que no vinieron. Aunque yo ciertamente agradezco las esfuerzas de mis amigos que celebraron conmigo por lo noche, no era igual. Me pareció que ellos querían mas divertirse en fiestas que celebrar conmigo. No soy una persona que siempre quiere el foco de la atención, pero este me molestia mas porque pasé la mitad de la noche solo cuando ellos hablaron con otros.

Sobre todo, no estoy enojado. Si fuera mentiroso, diría que era el mejor cumpleaños, pero no era ni soy mentiroso tampoco. Tampoco estoy triste. Tenemos que recordar que aunque todos quieren ser la estrella de su propia realidad, no somos. El cuatro de febrero es mi cumpleaños, pero también es un día, igual que los otros trescientos sesenta y cuatro del año.