
Se bajó del avión y entró en el aeropuerto. Treinta minutos y un taxi después, llego en casa. Subió al piso siete con sus maletas, que eran pesadísimas. Por fin, después de catorce horas de viaje, el estaba en Valencia. Les conoció al señor y a la señora, y también al gato y al perro. Unas conversaciones cortitas y vio su cuarto para la primera vez. Y cinco minutos después, se cayó durmiendo.
Cuando se despertó, el gato lo estaba mirando y ronroneando. Se levanto, y le conoció a su compañero del cuarto Ryan. Los dos americanos hablaron por unos minutos, y cuando hablaban, de repente oyeron “Chicos… A cenar!” Los dos fueron al comedor con mucha prisa. Estaban muy felices, porque acabaron de ver su cena que era un bistec, una ensalada, y unas patatas. Esta noche no había conversación…solo el acto de masticar. Después de la cena los dos chicos, muy cansados por el viaje, se durmieron como bebes.
Se levantaron a las nueve, y los dos ducharon. Pero era una ducha distinta. No había cortinas, y el agua caliente y el agua frío no mezclaron. Además, no podían ducharse pro más que cinco minutos, aunque los dos chicos les gustaban muchas las duchas largas. Los dos fueron al comedor para el desayuno, y se sorprendieron mucho. No había ni huevos ni avena ni tocino tampoco, como el desayuno que comían cada día en los estados unidos. Pero había pan y frutas, y comían un desayuno español. Se cepillaron los dientes y se pusieron sus zapatos. Salieron con el señor, quien guardaba el gato en una mochila para llevarlo al veterinario. Caminaron por treinta minutos, y miraron todos los lugares de Valencia. Pasaron cerca del estadio de fútbol, y por fin estaban en la universidad. Se empezó una sesión de orientación, y también su aventura valenciana.



