Tuesday, March 11, 2008

La peluquería

Hoy fui a la peluquería al lado de mi casa para la primera vez. Es una peluquería bastante grande, con veinte sillas y diez mujeres que trabajan a la vez. Afuera tiene paredes negras con frases como bonito y sexy, algo que me parece un poco extraño. Adentro, hay muchísima luz y todo es blanco, con la excepción de las sillas, que son negras.

Cuando vine, tenía que esperar para veinte minutos. Me sentaba al lado de dos españoles, y uno de ellos obviamente no se había duchado para un par de días por lo menos. Tenían muchas revistas, y como tenia que esperar tanto, empecé a leer una. Esta revista era la revista mas extraña que hubiera visto en mi vida. Pareció una mezcla entre una de música, una de porno, y una como Nacional Enquirer. Adentro había artículos sobre la música popular, y también había artículos sobre monstruos y las chicas que los querían, y las chicas estaban desnudas en las fotos. ¡Que raro!

Por fin llegó el momento – ellos podían empezar conmigo. Me pusieron en una silla y me lavaron el pelo. Después, fui a otra silla y la chica me preguntaba muchas cosas. Fue muy difícil, porque no podía entenderla bien, y no quería salir de la peluquería con pelo muy feo o muy raro. Le dije que quería las tijeras, que quería el mismo estilo, y que quería que me cortara entre una pulgada y una pulgada y media.

Ella empezó. Me sentía muy nervioso – tan nervioso de que no podía verla, y por eso cerré mis ojos. “Esta idea era muy mala,” pensé. Podía sentir el sentido del pelo que se cayó encima de mis brazos y al suelo. Oí el snip-snap de las tijeras.

“¿Como te parece?” ella me pregunto. Me abrí los ojos muy lentamente y con la expectación de lo más horrible. Pero cuando me los abrí, era obvio que ella hizo un buen trabajo. Después de lavarme el pelo otra vez, todo se acabó. Me fui, pensando en que regresaría un día.

El video


Los dos amantes se sentaban en el parque, charleando sobre lo que habían hecho el día pasado y lo que querían hacer este día. Los dos parecían muy amantes, y hablaban de una manera muy romántica. La novia quería hacer algo muy romántico este día, pero de repente se dio cuenta de que tenia que ir a trabajar a las dos.

“Nos vemos mas tarde cariño,” dijo la novia, y se fue.

El novio se esperaba para unos treinta segundos, y vino otra chica. “Hola cariño” dijo ella. Ellos empezaron a acercarse, y como con la otra novia, ellos se empezaron a decir cosas románticas, y después el novio preguntó a la novia que hizo ayer.

De repente, alguien gritó “¡¿Que es esto?!”

La primera novia acerco a la pareja, con una cara de mucha preocupación. Empezó a ponerse muy furiosa. El novio dijo a la primera que no conocía a la segunda, pero ya fue demasiado tarde.

“¡Es mi novio!” dijo la primera.

“No soy Bridgette, ¡es mi novio!” dijo la segunda.

La explicación que ofreció el novio a ellas no fue suficiente. Ella dijo que la primera era su bombón, y la segunda se puso furiosa también, porque ella pensaba que era su bombón.

Un minuto después, las dos chicas supieron lo que pasaba. El novio quería tener las dos como cariños, y quizás él tenía más en ese momento. Las dos decidieron la misma cosa: no querían quedarse con él más.

“No me importa,” dijo una. “Todavía tengo mi novio en los Estados Unidos.”

“Tampoco,” dijo la otra. “Tengo tres otros aquí en España.”

“Adiós,” dijeron las dos, y empezaron a caminar lejos de su tramposo ex-novio.

Monday, March 10, 2008

Nuestro cuarto


Es largo pero muy estrecho. Hay demasiados muebles para un cuarto tan pequeño: dos camas, dos armarios, dos estantes, un escritorio, una silla, una mesilla, y una cesta. Siempre está muy limpio o un desastre; no existe un punto medio. Las paredes son blancas, y con la excepción de un calendario, no tienen nada.

Debajo de las camas es una escena muy ridícula. Sólo hay un enchufe de pared por cada una, pero los dos tienen tomas múltiples con tres o cuarto cosas enchufadas. Tras el enchufe hay zapatos y monedas esparcidos por todas partes. También allí quedan las mochilas, y a veces se puede encontrar un gatito blanco encima de una. Casi siempre hay una camiseta o unos calcetines u otro tipo de ropa debajo de la cama y cerca de la pared.

Todas las baldas están cubiertas con cosas nuestras. Las baldas más arriba tienen libros de cualquier tipo: libros para clases, dossieres de clase, novelas, y diccionarios. Abajo hay una mezcla interesante; en el lado mío hay muchos suplementos deportivos y en el otro lado hay muchos medicamentos para la fibra mialgia. Al lado derecho hay una colección de electrónicos: cargadores de iPod, micrófonos, auriculares, y dos web cameras. Mas abajo aún hay dos ceniceros con monedas, y muchos mapas y folios de Valencia y muchas otras ciudades en Europa.

Dentro de los armarios están las situaciones más interesantes. Con tanta ropa colgante para dos espacios tan pequeños, toda la ropa está muy estirada. Se pueden ver colores encima de colores, enfrente de colores. De una manera, parece como un cuadro impresionista. Todos los rincones pequeños están ocupados por cosas encima de otras.

La playa


Paul Kiehl

Narración

El sol brillaba raídamente y el agua centelleaba como un fuego artificial. La arena, quemando los pies, era muy blanca y muy suave. Las olas bajaban y subían suavemente. Todo olía a sal, y la canción del mar resonaba en las orejas. Los pájaros rodeaban la playa como si hubiera migas de pan en todas partes.

Al llegar, los tres chicos dejaron sus cosas en la arena, y empezaron a correr rápidamente hacia el agua. Veinte metros después, sus pies entraron en el agua y, de repente, se pararon. “¡Que frió!” dijo uno, moviendo furiosamente las piernas para que no congelaran los pies. Sin palabras, los tres decidieron salir del agua, y regresaron a sus cosas en la arena.

“Estamos en la playa,” dijo otro. “Sin duda, el agua esta muy fría, pero tenemos que entrar una vez, por lo menos. Podríamos estar en los EE UU donde hay mucha nieve. Debemos aprovecharnos de esta oportunidad.”

“No sé,” dijo el chico mas silencioso. “Tengo ganas de entrar, pero hombre, quiero hijos algún día.

Los dos se reían del humor crudo y adolescente cuando, de repente, uno de ellos tuve una idea. “Vamos todos a la vez. Saltaremos y nos zambulliremos en el agua. Al mojarnos completamente, correremos hacia la playa para secarnos y calentarnos un poco. ¿De acuerdo? “

En este momento, todos estuvieron de acuerdo. Uno de ellos empezó a gritar en voz alta. “Uno,” el gritó. El chico más alto hizo una mueca de dolor, pensando en la fría que la esperaba. “Dos,” los tres chicos se prepararon a entrar en el agua. “Tres” él gritó, y los tres corrieron al agua con todas sus esfuerzas. Saltaron, entraron en el agua, y tan rápido como la entrada, se fueron y corrieron a la playa.

“Tan fría pero fue supermegahiperguay!” dijo uno.

“De acuerdo,” pensaron los otros.

Descripción


No había mucha luz, y mis gafas estaban completamente nebúladas. Olía como si estuviera lleno de cloro, y tenia el mismo sabor en la boca. Era imposible oír al entrenador, porque las paredes de la piscina comían todas sus palabras. El agua estaba tan caliente, o por lo menos demasiado caliente para nadar tanto. Me dolían mucho los hombros, y estaba tan fatigado como si acabara de correr en maratón. Por fin, llegué a la pared, y me la agarré para toda mi vida.

Fue como un gran alivio, pero esta calma que me sentía no duraría. De repente, oí esas tres palabras horribles: “¡Cuarenta anchas mas!” Empecé a sentirme mareado. Vi la cara del entrenador y no había duda de que íbamos a hacer cuarenta más. Me dio una vuelta con la cabeza y con las caras de angustia que vi, seguramente mis compañeros tenían el mismo pensamiento.

Empezamos a nadar otra vez. Yo, como el cuartero de la línea, vi los otros que habían empezado. Otra vez los sonidos de manos y brazos, que choqueaban contra el agua, resonaban en la piscina, que empezó a comer las palabras otra vez. Empecé mi primera ancha, y de repente tenía ganas de vomitarme. El sabor de tortilla de patata rancia mezclaba con la acidez de estomago que me quemaba la garganta. Repetía “el dolor es la debilidad cuando sale del cuerpo” y “los ganadores hacen lo que los perdedores no quieren hacer” una y otra vez. Las frases me dieron una esfuerza ardiente, y ignoré el dolor punzante que me sentí en todo el cuerpo. “Quedan veinte cinco…veinte…quince…diez” yo pensé. Por fin llegué a la pared; habíamos terminado. Saliendo millones de endorfinas, una ola de placer y tranquilidad radió por mi cuerpo.

Descripción horrorosa


No había mucha luz, y mis gafas estaban completamente nebúladas. Olía como si estuviera lleno de cloro, y tenía el mismo sabor en la boca. Pensé que iba a desmayarme. Era imposible oír al entrenador, porque las paredes de la piscina comían todas sus palabras. Los únicos sonidos eran los gritos de mis compañeros. El agua estaba tan caliente, o por lo menos demasiado caliente para nadar tanto, y me dio ganas de vomitar. Me dolían mucho los hombros, y estaba tan fatigada como si acabara de correr un maratón. Por fin, llegué a la pared, y me la agarré para toda mi vida.

Fue como un gran alivio, pero esta calma que sentía no duraría; era una esperanza falsa. De repente, oí esas tres palabras horribles: “¡Cuarenta anchas mas!” Me dio mucho miedo, y empecé a sentirme mas mareado. Vi la cara furiosa del entrenador y no había duda de que íbamos a hacer cuarenta más. Me dio una vuelta con la cabeza y con las caras de angustia que vi, seguramente mis compañeros tenían el mismo pensamiento. “Condenados todos,” pensé.

Empecemos a nadar otra vez. Yo, como el cuartero de la línea, vi los otros que habían empezado. Otra vez los sonidos de manos y brazos, que choqueaban contra el agua, resonaban en la piscina, y empezó a comer las palabras otra vez. Oí otra cosa; mucha gente se vomitó. Empecé mi primera ancha y el sabor de tortilla de patata rancia mezclaba con la acidez de estomago que me quemaba la garganta. Repetía “el dolor es la debilidad cuando sale del cuerpo” y “los ganadores hacen lo que los perdedores no quieren hacer” una y otra vez. Las frases me dieron una esfuerza ardiente, y ignoré el dolor punzante que me sintió en todo el cuerpo. “Quedan veinte cinco…veinte…quince…diez” yo pensé. Por fin llegue a la pared; habíamos terminado. Después de una lucha grande, salí de la piscina, y me caí, completamente agotado.

En busca de la integridad


El 13 de diciembre de 2007 fue un día que escandalizó al mundo del béisbol para siempre. Con cuatrocientas nueve páginas, el Senador George Mitchell reveló su informe, que mostraba un deporte plagado por el uso de los esteroides anabólicos. Además, el informe incluyo una lista de los nombres de los consumadores, que incluía Roger Clemens, Eric Gagné, y Kevin Brown, ganadores del premio de Cy Young durante sus carreras, y Barry Bonds, Miguel Tejada, y Jason Giambi, quienes habían ganado el premio de mejor jugador de la liga. En total, el informe proporcionó los nombres de ochenta y nuevo jugadores. Después de tanto escándalo, ¿cómo podría el béisbol recuperar su prestigio anterior?

Según Mitchell, la primera cosa que las Grandas Ligas tenían que hacer era revisar su póliza con respecto a las drogas deportistas. Distinto a los otros deportes, la póliza de béisbol sobre las drogas no incluía provisiones (que intentaban mantenerse) fieles a los estándares olímpicos, que mandaban que los oficiales sacaran y guardaran las muestras de sangre y orina. Sin esa provisión, dijo Mitchell, los jugadores tramposos podían seguir con el uso de esas sustancias ilegales sin miedo de repercusiones. La habilidad de sacar y guardar muestras de fluidos del cuerpo era esencial para una póliza sencilla, dijo, porque aunque no teníamos exámenes para todas las drogas que ellos usaban, habrá exámenes efectivos en el futuro. Con muestras guardadas, podrían saber después del hecho quiénes son los tramposos, y además castigarlos y borrar sus estadísticas manchadas.

Adicionalmente, otra propuesta importante del informe Mitchell fue un programa educativo nuevo para todos los jugadores, pero especialmente para los de Latinoamérica. Mitchell notó que la mayoría de los jugadores del informe que fue culpable del uso de estas drogas era del origen latinoamericano. Mitchell propuso que los jugadores latinos, como vinieron de países con educación inferior y que pasaron más tiempo jugando que estudiando, no entendían bien las consecuencias del uso de estas drogas, y además, ven el uso de esas drogas como la única manera de escaparse de la pobreza de sus países. También dijo Mitchell que era más probable que las sustancias de la nutrición deportiva latinas estuvieran contaminadas por cosas prohibidas, algo de que muchos jugadores latinoamericanos fueron ignorantes.

Como apuntó Mitchell en su informe, no hay solución milagrosa para curar todos los enfermos del béisbol. Pero si el sindicato de jugadores y los dueños de los equipos seguirían las recomendaciones, el deporte podría empezar a rescatar su integridad antigua. Aunque no se puede olvidar esta época de vergüenza en el deporte, tampoco se puede concentrarse solamente en la época. Lo que paso ha pasado; es decir, nadie puede volver al pasado para cambiar los delitos de los jugadores durante la época de esteroides anabólicos. Nunca habrá una lista definitiva de los tramposos y de los limpios, y por eso no se debe dudar de los buenos hechos de algunos jugadores, quienes no son ciertamente tramposos. Al revés, Mitchell recomendó que las Grandas Ligas olvidaran la época de esteroides y la caza de brujas a ellos que los usaran, y en vez de eso, debieron implementar un programa nuevo contra el dopaje y enfocar más en educación para los jugadores, latinos y lo demás. El béisbol sobrevivió los escándalos de las apuestas de Pete Rose, de los Calcetines Negros y de la cocaína; sobrevivirá los esteroides también.