¿Qué se puede hacer en cuatro horas y media? ¿Jugar casi tres partidos de fútbol? ¿Limpiar toda la casa? ¿Caminar por el campo? ¿Charlar con unos amigos o unos colegas, aprendiendo mucho? Aunque hay tantas cosas muy útiles para hacer con este tiempo, el hombre estadounidense medio niega a hacer esas cosas. Prefiere hacer otra cosa; según un estudio encargado por Nielsen Media Research, el hombre medio estadounidense ve cuatro y media horas de televisión cotidianamente, más que medio del tiempo que pasa trabajando un día normal. La adoración descarada del televisor que se queda en el salón de todas las casas americanas es una de las tragedias más grandes en la historia moderna. Quizás se lo olvidase, pero la información y la tecnología fueron desarrolladas para ser salvar la humanidad, para democratizarnos. En vez de esta ambición grande, se puso esclavos a una caja, pequeña y negra.
Una de las tragedias mas profundas en la historia moderna – esta declaración es, por supuesto, una exageración, pero la frecuencia y las horas que se pasa enfrente de la tele es un problema grave para la sociedad hoy en día. Contra de lo que se piensa, este problema no tiene nada que ver con todas las leyendas urbanas que existen hoy en día. No hay ninguna comprobación que muestre que la televisión destruya el cerebro, ni ninguna que muestre que la televisión, como parte de una conjura global y siniestra, mande mensajes subliminales para que los hombres en negro, o los que sean, puedan controlar la sociedad y el mundo. No, la falsedad de estas cosas es cierta. Al contrario, el problema grave que crea la televisión es lo que no hace, o es decir, las cosas que no pasan a causa de pasar tanto tiempo viendo la tele.
En el pasado, la literatura y el mundo literario eran las cosas para que se esforzase, si fuese aristócrata o burgués. En las bibliotecas personales de hoy en día, desparecidos son los gran libros del pasado, los Great Gatsby, los Don Quijotes de la Mancha, las obras de Shakespeare, hasta la Biblia y las grandes obras filosóficas de Locke y de los griegos que forman el base de nuestra civilización; en su lugar, la estantería esta llena de Friends, de Sex and the City, y de películas, irreconocibles y numerosas. “¿Por qué debo leer el libro?” se dice. “Voy a esperar la película.” Estos libros son más que una colección de palabras, monótona y enrevesada, sino una historia colectiva de una cultura que se destruye mas aun cada vez se aprieta el botón del lector. Las películas inspiradas por los libros fallan porque son hechas para entretener, y además, porque son tan idealizadas que distorsionan el mensaje; la profanidad y humanidad se tira para una perfección visual con la cual nadie se pueda relacionar.
Más concreto y menos abstracto, en todo el mundo existen epidemias de obesidad, las cuales el mundo nunca ha visto antes. Es cierto que el televisor no fuerza a la gente comer demasiado o comer las cosas menos sanas, pero tiene un papel central en estas epidemias. Si se pasa ocho horas al día trabajando, y cuatro horas y media viendo la tele, ¿Cuándo se puede hacer lo físico para mantenerse? La respuesta – no se puede. Este intercambio, igual para el individuo que para la sociedad, no vale la pena, porque cree una abundancia de gastos y problemas para una diversión insignificante y efímera.
Sin duda, la televisión no es el diablo. La televisión no destruye cerebros, ni viola a mujeres ni come niños tampoco. No hace falta apretar el botón de vez en cuando y disfrutarse de su programa favorita. Al revés, el problema con la televisión se queda con los seres humanos. Hay que recordar, sobre todo, que el televisor solo es una maquina, sin una vida propia y a estancias de sus dueños. Solo tenemos nosotros el poder de elegir; cómo y cuándo es una elección que se tiene que hacer con cuidado y con prudencia, porque si no eligiésemos así, nos quedaríamos mecánicos como ellos.
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