
Paul Kiehl
Narración
El sol brillaba raídamente y el agua centelleaba como un fuego artificial. La arena, quemando los pies, era muy blanca y muy suave. Las olas bajaban y subían suavemente. Todo olía a sal, y la canción del mar resonaba en las orejas. Los pájaros rodeaban la playa como si hubiera migas de pan en todas partes.
Al llegar, los tres chicos dejaron sus cosas en la arena, y empezaron a correr rápidamente hacia el agua. Veinte metros después, sus pies entraron en el agua y, de repente, se pararon. “¡Que frió!” dijo uno, moviendo furiosamente las piernas para que no congelaran los pies. Sin palabras, los tres decidieron salir del agua, y regresaron a sus cosas en la arena.
“Estamos en la playa,” dijo otro. “Sin duda, el agua esta muy fría, pero tenemos que entrar una vez, por lo menos. Podríamos estar en los EE UU donde hay mucha nieve. Debemos aprovecharnos de esta oportunidad.”
“No sé,” dijo el chico mas silencioso. “Tengo ganas de entrar, pero hombre, quiero hijos algún día.
Los dos se reían del humor crudo y adolescente cuando, de repente, uno de ellos tuve una idea. “Vamos todos a la vez. Saltaremos y nos zambulliremos en el agua. Al mojarnos completamente, correremos hacia la playa para secarnos y calentarnos un poco. ¿De acuerdo? “
En este momento, todos estuvieron de acuerdo. Uno de ellos empezó a gritar en voz alta. “Uno,” el gritó. El chico más alto hizo una mueca de dolor, pensando en la fría que la esperaba. “Dos,” los tres chicos se prepararon a entrar en el agua. “Tres” él gritó, y los tres corrieron al agua con todas sus esfuerzas. Saltaron, entraron en el agua, y tan rápido como la entrada, se fueron y corrieron a la playa.
“Tan fría pero fue supermegahiperguay!” dijo uno.
“De acuerdo,” pensaron los otros.
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