
Se llama Arkaitz. Tiene veinte y dos años, y es bombero. Vive en Portugalete, en el País Vasco. Para un vasco, es muy alto. Tiene ojos claros, mas como un alemán o ingles que como un vasco. Se lleva ropa muy simple y muy oscura. Tiene una expresión muy ambigua en la cara; no muestra ni felicidad ni la tristeza tampoco. Su chaqueta no parece muy española, sino como un ‘fleece’ americana de marca “North Face” o algo parecida. Cuando veo la cara, me siento muy feliz. Pasábamos mucho tiempo junto en San Luís y en Bilbao también. Nos reíamos muchísimo, y visitábamos a todos los lugares turísticos en las dos ciudades. Pasábamos horas y horas hablando sobre la vida, las mujeres, la política, y la filosofía. Y aunque era ilegal, le enseño a conducir para la primera vez (pero no lo diremos a mis padres.) Cuando veo los ojos, pienso de una claridad, de una determinación que me falta en la vida. Cuando veo a los brazos, veo un hombre fuerte, fuerte por tantas horas de practicar y entrenar. Cuando veo a mi amigo, lo echo de menos mucho. Tengo ganas de visitarlo otra vez; si tengo la oportunidad, seguro que lo voy a visitar otra vez.
No comments:
Post a Comment