
El 13 de diciembre de 2007 fue un día que escandalizó al mundo del béisbol para siempre. Con cuatrocientas nueve páginas, el Senador George Mitchell reveló su informe, que mostraba un deporte plagado por el uso de los esteroides anabólicos. Además, el informe incluyo una lista de los nombres de los consumadores, que incluía Roger Clemens, Eric Gagné, y Kevin Brown, ganadores del premio de Cy Young durante sus carreras, y Barry Bonds, Miguel Tejada, y Jason Giambi, quienes habían ganado el premio de mejor jugador de la liga. En total, el informe tuvo los nombres de ochenta y nuevo jugadores. Después de tanto escándalo, ¿cómo podría el béisbol recuperar su prestigio anterior?
Según Mitchell, la primera cosa que las Grandas Ligas tenían que hacer era revisar su póliza con respecto a las drogas deportistas. Distinto a los otros deportes, la póliza de béisbol sobre las drogas no incluía provisiones (que intentan mantenerse) fieles a los estándares olímpicos, que mandaban una provisión para sacar y guardar las muestras de sangre y orina. Sin esa provisión, dijo Mitchell, los jugadores tramposos podían seguir con el uso de esas sustancias ilegales sin miedo de repercusiones. La habilidad de sacar y guardar muestras de fluidos del cuerpo era esencial para una póliza sencilla, dijo, porque aunque no teníamos exámenes para todas las drogas que ellos usaban, habrá exámenes efectivos en el futuro. Con muestras guardadas, podrían saber después del hecho quiénes son los tramposos, y además los castigarían y borrarían sus estadísticas manchadas.
Otra propuesta importante del informe Mitchell fue un programa educativo nuevo para todos los jugadores, pero especialmente para los de Latinoamérica. Mitchell notó que la mayoría de los jugadores del informe que fue culpable del uso de estas drogas era del origen latinoamericano. Mitchell propuso que los jugadores latinos, como vinieron de países con educación inferior y que pasaron más tiempo jugando que estudiando, no entendían bien las consecuencias del uso de estas drogas, y además, ven el uso de esas drogas como la única manera de escaparse de la pobreza de sus países. También dijo Mitchell que era más probable que las sustancias de la nutrición deportiva latinas estuvieran contaminadas por cosas prohibidas, algo de que muchos jugadores latinoamericanos fueron ignorantes.
Como apuntó el senador Mitchell en su informe, no hay solución milagrosa para curar todos los enfermos del béisbol. Pero si el sindicato de jugadores y los dueños de los equipos seguirían las recomendaciones, el deporte podría empezar a rescatar su integridad antigua. Aunque no se puede olvidar esta época de vergüenza en el deporte, tampoco se puede concentrarse solamente en la época. Lo que paso ha pasado; es decir, nadie puede volver al pasado para cambiar los delitos de los jugadores durante la época de esteroides anabólicos. Nunca habrá una lista definitiva de los tramposos y de los limpios, y por eso no se debe dudar de los buenos hechos de algunos jugadores, quienes no son ciertamente tramposos. Además, no se debería juzgar a todos los jugadores que Mitchell identificó en su informe, porque ciertamente faltaron muchos nombres en su lista que quedarían secretos para siempre. Lo importante es aprender de las lecciones de esta época oscura y aplicarlas con los ojos hacia al futuro. El béisbol sobrevivió los escándalos de apuestas y la cocaína; sobrevivirá los esteroides también.
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