Monday, February 18, 2008

¡Feliz cumpleaños a mí!


Ayer me cumplí veinte y uno. Pase un día muy interesante. Sin dudo, era un cumpleaños muy distinto a causa de estar en España.

Me divertí bastante por mi cumpleaños. Me gustó mucho todos los mensajes de Facebook que me esperaron un cumpleaños feliz. Tuve la oportunidad de hablar con mis padres y unos amigos míos por Skype. Mis abuelos me mandaron cartas que vinieron en casa, y además, mis padres incluyeron regalos en mis maletas antes de irme. Me regalaron dinero, algo que no es lo mas divertido pero seguramente es lo mas útil. Por la noche fuimos a un restaurante chino que era buenísima. Antes de cenar, mis padres me reglaron una suéter, que me gusto mucho y era muy genial. Pedimos diez platos y una botella de vino para los cuatro. Después de la cena, nos llevaron unos helados, uno de ellos con vela, y me cantaron. Cuando habíamos comido todo, nos fuimos, y empecé a caminar a un bar. La borrachearía obligatorio por cada cumpleaños de veinte uno siguió.

Pero no podía negar que mi cumpleaños ayer fue un espejismo. Obviamente, como los españoles se pueden beber a los dieciocho, la celebración fue un poco mudada.

También me echaron de menos mis padres, mis hermanos, abuelos, y mayores amigos. Ir de fiestas en un día tan especial no era lo mismo con los mayores amigos, quienes nos conocemos por casi toda la vida. Mi celebración solo consistió de seis personas. Como fue lunes, la gente tenía deberes, y lo entiendo bien, pero me sintió desilusionado con todos que no vinieron. Aunque yo ciertamente agradezco las esfuerzas de mis amigos que celebraron conmigo por lo noche, no era igual. Me pareció que ellos querían mas divertirse en fiestas que celebrar conmigo. No soy una persona que siempre quiere el foco de la atención, pero este me molestia mas porque pasé la mitad de la noche solo cuando ellos hablaron con otros.

Sobre todo, no estoy enojado. Si fuera mentiroso, diría que era el mejor cumpleaños, pero no era ni soy mentiroso tampoco. Tampoco estoy triste. Tenemos que recordar que aunque todos quieren ser la estrella de su propia realidad, no somos. El cuatro de febrero es mi cumpleaños, pero también es un día, igual que los otros trescientos sesenta y cuatro del año.

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